"Que si Día Internacional del Orgullo Gay, que si Día de la mujer... ¿Pero esto que cojones es?" Se preguntaba un relajado Míguel de Heredia y de Montoya. Relajado, pero navaja en mano, haciendo valer en todo momento, su poder de patriarca en la -cualquier- sociedad.Los presentes, lejos de subestimar su autoridad, y temiendo por su vida, se arrancaban por bulerías ante cualquier carraspeo para agradar a "El Tato, el de la flagoneta sai plasa".
Quedó patente, una vez más, que poseer el monopolio del tráfico de estupefacientes, no te exime de sus efectos secundarios.





























